Silvia Montoto

Escritora y pedagoga nacida en Maquinchao, Línea Sur de la Provincia de Río Negro.

Libros publicados:
* Antología de Expresiones Literarias del Neuquén (S.A.D.E.-1977)
* Vuelo de poemas.
* Duendes (Ed. Amarú de Buenos Aires)
* Ocaso de grillos (Ed. Amarú de Buenos Aires)
* Luna, retamas y sueños (Ed. Esquel S.A.-Chubut)
* Otro Gallo cantaría y otros cuentos (Ed. La Lámpara Carmen de Patagones)

La libélula

El ventanal del cuarto que daba al parque, estaba abierto de par en par…
Las cortinas jugaban una danza erótica al compás del viento que, en ese verano tórrido y reseco, calcinaba el interior de las casas campesinas.
Una libélula de gran tamaño entró con el revoloteo del viento y se posó sobre la almohada de Luisina.
La joven sintió el roce de las alas enredarse en sus cabellos e hizo un gesto para ahuyentar al insecto.
La libélula, mansamente se subió en su mano, corrió por su brazo desnudo y finalmente se posó sobre el vientre tembloroso de la muchacha…
Lejos de asustarse, Luisina se quedó inmóvil, sorprendida por su belleza. El resplandor de la luna llena, colándose por el ventanal en un ángulo de luz, la mostraba en todo su esplendor.
Dos pares de alas con fulgores dorados, se engarzaban en el esbelto cuerpo transparente como el ámbar. Los ojos negros, como de terciopelo, se movían curiosos.
Luisina intentó mover con suavidad el cuerpo de Mauro, que dormía profundamente vencido por el calor y el cansancio. Quería compartir con él el mágico momento, pero a pesar de su sigilo, la libélula percibió su leve movimiento, se elevó en giros y con un susurro suave de alas, voló hacia el ventanal perdiéndose en las sombras de la noche…
-¡Qué lástima – le comentó a Mauro en la mañana – no pude despertarte para que la vieras!… Su mirada era casi humana. El susurro de sus hermosas alas y su giro luminoso al volar, me dejaron la sensación de un mensaje que no pude descifrar...
-Traen suerte, fue la respuesta segura de Mauro. Los viejos dicen por aquí que anuncian lluvias buenas para correr las mieses…
Luisina no conocía los mitos del campo, era una muchacha criada en la ciudad, pero lo que ella había intuido era otra cosa… En silencio posó sus manos sobre el vientre donde la libélula había dejado una impronta de sensaciones extrañas…

Durante nueve lunas, el vientre de Luisina maduró con el ritmo lento de las mieses y bajo su piel morena, sus senos se llenaron como cántaros de miel…
Las lluvias de marzo saciaron la piel de la tierra reseca y el campo se tornó en un simétrico collage de verdes, amarillos y azules de lino.

En su rústica cunita campesina de perfumada madera de nogal, una niña hermosa, como una libélula, duerme bajo el rayo de luz de la luna llena.

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