Julio Ricardo Estefan

Nació en la provincia de Córdoba y desde 1981, vive y se desempeña como docente en la provincia de Tucumán (UNT)
Durante 2008 publicó sus trabajos en la revista Ñ, del diario Clarín (Buenos Aires), La Buhardilla de Papel (Rosario) y en los blogs de Literatura: Químicamente Impuro, Breves no tan breves, Ráfagas y Parpadeos, Poesía de Tucumán, entre otros.
Es el editor responsable del sello La aguja de Buffon Ediciones.
Ha publicado el libro “La excepción a la regla y otros microrrelatos” (2009), algunos de cuyos trabajos fueron seleccionados para integrar la Antología Monoambientes (Desde la Gente, Buenos Aires, 2008).
Se encuentra en prensa el libro de microrrelatos “Juegos de Superhéroes”, que aparecerá en abril de 2010.
Actualmente coordina el ciclo “Poetas por Poetas” que se lleva a cabo en San Miguel de Tucumán desde el año 2007.

Microrrelatos

Emulando a Roberto Arlt

“¡El fallo es inapelable!”, fue lo último que dijo el presidente del jurado. El puño, como un rayo, le cruzó la mandíbula, dejándolo knock out.
El concurso fue declarado desierto.

El último acto

Cada noche, el mago cerraba su función haciendo desaparecer un pañuelo. En la última función, en vez del pañuelo, desapareció el mago. Hace varios días que nadie sabe nada de él. Una joven guarda en su corazón una promesa de aventuras y de fama, pero quien más lo lamenta es el dueño del hotel y del restaurante del pueblo.

Progreso

a Orlando Romano

En la tribu de los M’jú, el brujo era también el encargado de las cuentas. Su sistema de numeración era quinario: se basaba en los cinco dedos de la mano; merced a lo cual, pronto la tribu de los M’jú comenzó a destacarse del resto.
A medida que las colecciones de objetos de la tribu aumentaban sus elementos, el brujo comenzó a utilizar ambas manos y luego ambos pies. El progreso fue tal que a continuación se necesitaron más y más dedos.
Comenzaron así las mutilaciones, con lo cual el progreso se detuvo y la tribu de los M’jú terminó por desaparecer dejando estancado por siglos el desarrollo de las matemáticas.

Pésima puntería

a Rogelio Ramos Signes

Hasta hoy nadie lo dijo: Guillermo Tell tenía una pésima puntería.
Sucedía, en realidad, que su hijo menor poseía un ojo privilegiado. En cuanto salía la flecha del arco el niño se movía imperceptiblemente, con la rapidez del rayo, logrando que la saeta diera en el blanco.
Vivió a la sombra de su padre mientras Dios le conservó la vista.

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