María Fabiana Calderari


Escritora y abogada nacida en Jujuy pero santiagueña por adopción, sus escritos recién han comenzado a publicarse desde hace muy poco tiempo.
Administra el blog Brisa de letras, dedicado con exclusividad al género breve.
Obtuvo el tercer premio en el Concurso Literario Diario El Liberal.



Breves

Circo inverso

El famoso circo Comédie aterrizó en un baldío de la ciudad a mediados de enero.
Aquel armatoste policromo reunió a todos los personajes del lugar.
Los payasos llegaron entusiastas, con sus trajes calandrados y las graciosas narices. Se ubicaron en los asientos de las primeras filas.
Cargando famélicos animales domesticados, arribaron los domadores. Sus torsos desnudos ensombrecían la figura esmirriada de los trapecistas. Ocuparon, unos y otros, las gradas más altas, ubicadas en la carpa.
El anfitrión del espectáculo, un mago lenguaraz, inauguró la ceremonia. Lentamente el jolgorio expandía un bullicio contagioso. Los aplausos estruendosos resonaban como viento, instando el comienzo del entretenimiento.
Algunos enanos escabullidos por debajo de los toldos, se distraían enmelándose con copos de azúcar.
En medio del escenario, sumido en la más profunda soledad, el público. Monótono. Sin destrezas. Encarcelado en sus máscaras. Esbozando insulsas sonrisas.
Las ovaciones se convirtieron en chiflidos inarmónicos. Los espectadores se retiraron desconcertados ante el fracaso de la función.
-Esta gente ha perdido la magia de mostrarse tal cual es - observó un conejo saltando de su galera.
Una contorsionista anciana, conocida por sus facultades intuitivas, exclamó frunciendo el ceño: -¡Ya no vienen públicos cómo antaño!

El laberinto

Reconozco cada entrada y la salida. Cada corredor ficticio que inventa una imagen reflexible y retorcida. La convexidad de los espejos. La desesperación de las mímicas solitarias en los pasillos inútiles.
No logro comprender porque aún permanezco en este laberinto de pasiones insolentes, soñando contigo.

La balacera

El apuro consume el desayuno. Salgo formal y acostumbrado.
La enorme emboscada me detiene, como todos los días.
La indiferencia me estremece. Me debilita. Me derrumba.
No logro acostumbrarme a la balacera cotidiana de la turba.
Me levanta la firme convicción de vencerla mañana.

Catesismo

El linaje mundano y santo. La soledad. La traición.
Las heridas del cuerpo, el vino derramado. Las lágrimas, los clavos y el madero.
La tumba solitaria. La venida eterna.
La ciencia confrontando los misterios.
Nada de aquello me entrelaza o atormenta. Es el dogma de su amor lo que me obliga.

Un café con mi padre

Cuando llegué al bar, no había otras mesas ocupadas.
Me senté en un rincón, junto a una mesa redonda y pequeña pegada a la ventana. Acomodé la silla y disimule la mirada hacia la calle. Podía olerse la lluvia a través del cristal humedecido.
No hizo falta ocultar la nostalgia ni el desahogo de las palabras encerradas. Como siempre, mi padre, sereno y sabio; acompañó el café, caliente y rebajado.
No recuerdo cuanto tiempo estuve sentado. Me levanté aliviado. Las monedas quedaron esparcidas sobre la mesa solitaria.
Estos diálogos, desde la eternidad, me alimentan.

¡Cómo han cambiado los tiempos!

Ya no sólo se trata de un compendio de picardía y entusiasmo. Gustos, deseos y caprichos convertidos en realidad con ínfimos esfuerzos. ¡Les basta un chasquido y consiguen cuánto apetecen!
Se transportan a fiestas y lugares con sólo un ¡chick! Vehículos excéntricos. ¡Chick!. Colecciones de música. ¡Chick! Vestimentas acordes a la ocasión. ¡Chick!
En nuestra época, éramos más obedientes y cuidadosos. Nos educaban con estrictas normas y utilizábamos uniformes discretos. Ahora, alteran la historia interrumpiendo las secuencias del tiempo y con gracia festejan los efectos.
A nosotros nos exigían no entrometernos, nos llenaban de fórmulas insólitas y conjuros extremos. Estos jóvenes de hoy con solo ¡chik! vapulean la magia. ¡Cómo han cambiado los t..¡Chick!

Las marionetas

A través de la ventana se lograba divisar la inminencia de la lluvia. Un manto desprolijo de nubes oscuras anticipaba la noche, instigando a la melancolía a escurrirse entre las rendijas de las casas. Un reloj de madera colgado en la pared anunciaba la asechanza del tiempo que ellas parecían ignorar.
-En este cóncavo recinto giramos forzosamente. Somos marionetas agolpadas obedeciendo inescrutables normas. Nos convencemos que la libertad nos pertenece viviendo amordazados a un guión predeterminado- fustigó la mujer, desplomando su mirada sobre los charcos de agua.
-No todos vivimos como marionetas y tan sólo los sueños nos redimen- contesto la niña acomodando las cuerdas, mientras se cruzaban sus manos.

Alivio

La oscuridad envolvía los objetos. Sus asimétricas posturas asechaban en la habitación fría y solitaria. El desasosiego se escurría entre mis manos temblorosas que restregaban inquietas las sábanas deformadas. Los matices de la noche impregnaban de espanto mi memoria. No lograba reconocer los contornos que asediaban mi sueño.
-Te aliviará creer en fantasías- musitó la sombra tibia que acariciaba mis pies congelados.

El lado equivocado

Sentado en la terraza, mis ideas se derraman en el aroma a café y jazmín haciéndose extrañas y vagabundas. Disipado de la estridencia del lugar, el silencio me devuelve el boceto de dos hombres.
El primero no aprendió a ser feliz. Acuesta sus días en una cárcel húmeda y lúgubre desgranando las culpas por haber acortado sueños ajenos. Convertido en una figura fría, con gestos de olvido y resignación, sólo espera los reflejos desprolijos del sol sobre las colchas.
El otro hombre ninguna vez lo fue. Abrumado en la esclavitud del trabajo, se guarnece de una cara soberbia y una boca egoísta que no son las suyas, aguardando un día más de codicias y fortunas.
Lucen como si tuviesen en común cincuenta inviernos, como quienes esperan una promesa que pueda resarcirles los años tristes, rogando una vuelta cierta del tiempo.
Me pregunto cual de los dos estará situado del lado equivocado de los barrotes.

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