Adrián Néstor Escudero

Escritor nacido en la ciudad de Santa Fe.


Libros publicados:
* Los últimos días (Ed. Colmegna, 1977)
* Breve sinfonía y otros cuentos (Ed. Colmegna, 1990)
* Doctor de mundos I – El sillón de los sueños (Ed. Vinciguerra, 2000)

Libros inéditos:
* Nostalgias del futuro
* Desde el umbral
* Mystagogia narrativa
* Mundos paralelos y otros cuentos
* Apocalipsis Bang y otras historias

Harry

A la serena crueldad del homo sapiens…

Escuchen, La Historia de este Harry no es precisamente la de inglés Potter, el joven mago de Howarts que despertó desde sus tierras de elfos, dragones y dementores, la imaginación de un incontable universo de niños, que después fueron jóvenes y hoy quizá adultos, y de adultos hoy quizás más adultos que entonces… Porque de Potter se aprendió mucho sobre eso de la amistad, la valentía y el amor sin medida o como estatura del dolor ofrendado por el bien del otro…

Harry le decíamos nosotros al más inútil de la barra, eso sí, porque no sólo ostentaba sus años y esos horribles anteojos que el dibujante le calzaba a Potter en cada tapa de su libro de aspirante a hechicero –y a despecho de la figura elegante y dulce que prefirió su casting para las versiones cinematográficas de sus alucinantes aventuras-, sino que compartía toda esa facha de pibe mojigato, cortado también en la frente –como el inglesito- pero no a causa de un rayo mortal del Señor de las Tinieblas, sino por de la certeza bien real de una flecha lanzada por un arco casero, de vereda a vereda, por el líder de la otra banda de secuaces escolares, con las que compartíamos territorio y desmanes.

La respuesta no se hizo esperar de nuestra parte, e ideamos lo que después sería –a la distancia y con el pelo cano- la más atrevida de las venganzas contra Groucho y sus idiotas útiles… ¡Ya verían, si de hacer daño se trataba! No habría Otra Vez para el desgraciado correntino, escapado de las fazendas brasileras y aterrizado por el hambre en nuestro abundoso litoral santafesino.

Hubo un juramento de odio previo hecho con sangre de navaja nueva, muñeca con muñeca, entre los trece muchachos que, ocultos en la Caseta Siguiente al refugio del guardabarreras, culminara con la macabra ceremonia de descuartizar, pieza por pieza, al Caballo Balancín que estúpidamente acompañaba su trabajo de sereno de ferrocarril por la mañana, y de encargado de la Estación de Pesaje de mercaderías en los depósitos de la Central del Mitre…

“Todos nos estamos muriendo”, me dijo La Voz en la Noche. Y eso me bastó para aspirar el último aroma a poxipol que guardaba en los bolsillos, hasta que Los Visitantes del Otoño vinieran a encumbrarme con la masa blanca El Deseo de dominio absoluto, aunque más no fuera, de Un Fragmento de la Realidad que odiaba y, al mismo tiempo, deseaba conquistar… Y que ellos me habían enseñado cómo: a tiros y cuchillazos, a sienes partidas y cuellos seccionados por la yugular… Con cada entrada al reformatorio, más odio y más deseo de venganza… ¡Pobre Groucho! ¡No sabía con quién se había metido el infeliz!

La Sábana a los Pies de la Cama fue arrojada de un puntapié por la ira de conquistador que me abrasaba. ¡El Groucho y sus guachos jodidos estaban muertos! ¡Muertos! Al pibe Harry nadie lo tocaba, excepto nosotros. Del pibe Harry nadie se burlaba, excepto nosotros. Nosotros que, como a Rómulo y Remo, lo habíamos salvado y alimentado a escondidas de la pérfida bruja de su madre abortista, “La Esposa del General”, de “El Hombre que Amó”, del fiolo traidor y asqueroso de barrio Alfonso y alrededores, siempre listo a La Coartada de un Amante…; y que hasta aprendimos a cambiarle los pañales y hacerle y darle la mamadera al pobre gurí… ¡Qué alma de madre nos da Dios a los que nada somos ni tenemos, ¡la pucha! Pero vamos al grano. Ya Firulete me dijo que con Tres Cuentos Aleccionadores lo habían calmado al pobre Harry que todavía gemía susurrando de dolor. A la sangre se la pararon con un tapón de botella que estaba tirado en el suelo de la Caseta. Después, cuando se nos calmara la rabia, alguien lo iba a llevar al Hospital Piloto de la ciudad ¡Qué boquete le dejaron en el frontis al pibe! Harry No es Nuestro Hermano, pero en la banda era como si lo fuéramos, y La Mano que Ayuda no falta… Y su venganza artera tampoco. Claro que si el cura Bueno se entera de lo que vamos a hacer, de seguro que no nos invita más a tomar arroz con leche en la capilla San Lorenzo, y terminamos todos presos por…

Ahora, hay un Cambio en el Mar y El Río Estigia Fluye Corriente Arriba y no importa la Descripción de Ciertas Extrañas Perturbaciones que se Produjeron en Aungier Street, en los dominios del mítico Dublín… Doy una nueva patada al bollo de sábanas, abandono la película germana y negra que veía, y apago el maldito televisor en blanco y negro, mientras observo, en el espejo del cuarto, mi cuerpo y estampa como la de un Ébano Absoluto e indestructible… (Todavía está fija en mí la trama argumental de los hermanos Grimm, en su –tal vez- menos difundido cuento: “El Enebro”. Ése, donde la infaltable madrastra asesina a su hijastro, culpa a su hija, esconde el cuerpo en la comida que sirve al padre del pobre niño, entierra los huesos, pero es descubierta por un pajarito avizor que desparrama la noticia en el pueblo…).

El Deseo está claro. Groucho debe sufrir, y hasta morir si resulta necesario… En Harry cada uno de nosotros veía lo peor: el abandono y las humillaciones constantes de una sociedad perversa que no da ni oportunidades ni revanchas… Alguien me dirá: che, mirá que el Groucho es otra víctima como ustedes también… Por eso mismo, carajo, ¡que entre mosquitos nos pongamos espirales! No, lo que le hicieron al Harry no se lo vamos a perdonar. El médico que lo atendió ha dicho que la herida se le ha infectado gravemente y la cara del Harry está irreconocible. Que tiene que punzarlo y no sé qué otras cosas más, porque si alguna porquería se le va por la sangre al corazón o al cerebro, ¡fuiste!

La Ciénaga del Salado y el Vertedero de Basuras cercano a sus orillas parecía el lugar ideal para hacer funcionar el Carrusel de la Muerte. La Balsa nos acercaría para prepararle la trampa, y hasta el Quinto Fragmento de su alma pediría misericordia luego de que, cada uno de nosotros, en ronda, le fuéramos cortando un pedacito de ropa, primero, y luego de carne; de carne de cabeza con cabellos, de carne de cabeza sin cabellos, de carne de cuello, de carne de hombros y brazos, de carne de torso y caderas, de carne de piernas y pies, y luego, de hueso de cabeza con cabellos, de hueso de cabeza sin cabellos, de hueso de esqueleto de cuello, de hueso de esqueleto de hombros y brazos, de hueso de esqueleto de torso y caderas, de hueso de esqueleto de piernas y pies, y luego, todo mezclado y sazonado con bosta de caballo y caca de perro, sumergido de a poco, de a gruesos goteros en el remolino cenagoso del País de Nunca Jamás…

Después, con el tiempo, el hecho de que nadie hubiera descubierto nuestro crimen perfecto, habría sido nuestra máxima condena; porque ahora, repitió La Voz en la Noche, “todos nos estamos muriendo” y nadie puede darnos un poco de consuelo…

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